El Camino Del Rugido

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El Valle del Rugido amanecía envuelto en una bruma espesa, mientras las primeras luces del sol delineaban la silueta del coliseo, un lugar mezcla de anfiteatro griego y arena de combate del Medio Oriente. Este dominaba el paisaje. En sus entrañas, donde los ecos de las batallas pasadas aún resonaban, Donrad afinaba sus movimientos. Cada golpe de su entrenamiento era un recordatorio del camino que había tomado, una senda marcada por el honor y la venganza. El estilo de combate de Donrad, el Thanrik, era un arte reservado a unos pocos elegidos en su aldea, inspirado en los movimientos de los leones que acechaban en los bosques de Azuláis, algo que se asemejaba mucho al Muay Thai que se practica en Tailandia. Cada paso, cada salto, imitaba la caza de estos depredadores, y Donrad era su discípulo más talentoso. O al menos lo había sido, hasta que Kadar, su maestro y mentor, se dejó consumir por la ambición. Hace años, Kadar descubrió la Piedra del Rugido, un artefacto de origen desconocido que yacía enterrado en una caverna del valle. La leyenda decía que quien la poseyera obtendría una fuerza incomparable. Pero Kadar no fue capaz de resistir su poder.

Al intentar controlarla, desató un cataclismo que arrasó con la aldea y convirtió el valle en un terreno hostil. Desde entonces, Kadar había desaparecido, dejando tras de sí solo ruinas y resentimientos.

Ahora, el joven luchador se encontraba en la antesala del combate más importante de su vida. Había escalado los niveles de los grandes torneos, enfrentándose a guerreros de todos los lugares del planeta.

Cada batalla lo había llevado un paso más cerca de su objetivo: derrotar a su viejo maestro, quien había reclamado el coliseo como su dominio personal y lo gobernaba desde las silentes sombras.

La puerta de la arena se abre, y Donrad emerge al estruendo ensordecedor del público presente. Frente a él estaba Tharek, un nómada conocido por su fuerza y velocidad. Era el único luchador que había sobrevivido a todas las rondas del torneo, además de Donrad. Tharek sonrió con confianza, pero en sus ojos brillaba una chispa de respeto y admiración profunda, pero no admitida a su oponente. El combate comienza con una explosión de movimientos. Donrad y Tharek eran espejos, igualados en velocidad y técnica. Sus golpes resonaban como truenos en la arena, mientras la multitud contenía el aliento.

Cada ataque era un diálogo entre sus estilos, un intercambio de respeto a través de la violencia. Donrad logra derribar a Tharek con un movimiento inesperado, pero no finaliza el combate. Extendió una mano hacia su oponente, un buen gesto que dejó a la multitud impresionada.

"Este no es el verdadero enfrentamiento", dijo Donrad, con la respiración entrecortada. "El enemigo no está aquí, sino en el corazón del coliseo".

Tharek, sorprendido, aceptó la mano de su respetuoso oponente y se puso de pie. "Hablas de Kadar, ¿verdad?".

Donrad asintió. "Él es la fuente de todo esto. Si seguimos peleando entre nosotros, solo estaremos jugando su juego, siendo su diversión".

Tharek sonrió con ironía. "Nunca pensé que terminaría aliándome con alguien en este lugar, pero tienes razón. Si queremos sobrevivir, debemos enfrentarlo juntos".

Guiados por los rumores de los combatientes anteriores y los susurros de los guardias del coliseo, Donrad y Tharek se dirigieron hacia las profundidades del edificio. Allí encontraron a Liora, una estratega que había sido expulsada del torneo por cuestionar las reglas de Kadar. Ella conocía los secretos del coliseo y les ofreció su ayuda.

"Si van a enfrentarse a Kadar, necesitarán más que fuerza", advirtió Liora mientras los conducía por un túnel oscuro. "La Piedra del Rugido lo ha transformado". "Ya no es humano".

Al llegar al centro del coliseo, encontraron a Kadar esperándolos. Su figura era imponente, una mezcla grotesca de músculo y granito. Los fragmentos de la Piedra del Rugido estaban incrustados en su piel, emitiendo un brillo siniestro.

"Donrad" dijo Kadar, su voz retumbando como un terremoto. "Has llegado lejos, pero estás fuera de la arena. Este poder no puede ser desafiado".

Donrad dio un paso adelante, con la mirada fija en su antiguo maestro. "No busco el poder, Kadar. Solo busco justicia por lo que hiciste a nuestra aldea".

En ese instante no se hizo esperar demasiado para comenzar una brutal batalla. Kadar poseía una fuerza descomunal, y cada golpe hacía temblar el suelo. Donrad y Tharek lucharon juntos, Mientras tanto, Liora, buscando alguna debilidad en Kadar.

"¡Los fragmentos!" gritó Liora. "¡Golpeen los fragmentos en su cuerpo!. ¡Son la fuente de su poder!". Donrad y Tharek concentraron sus ataques en los fragmentos brillantes. Aunque Kadar parecía invencible, con un golpe final, Donrad ejecutó un movimiento del Thanrik que había perfeccionado durante años: un salto giratorio que emulaba el ataque de un león en caza. El impacto destrozó el fragmento principal en el pecho de Kadar, y el antiguo maestro cayó al suelo, derrotado. "Lo siento", murmura Kadar con una voz débil. "La piedra… me consumió". Donrad cierra los ojos y siente una mezcla de tristeza y alivio en su rostro. "Descanse en paz, maestro…".

 

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