Las Crónicas De Nova Prama

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El archivo estelar estaba completo. Cientos de miles de millones de años habían pasado desde la primera observación hacia los humanos, y ahora, en la sala de deliberación de Nova Prama, los Celestarios se reunían para evaluar su destino.

Verian, el alto cronista, un ser de silicio y energía, abrió el registro de la especie 7842-H.

—“Han alcanzado la singularidad tecnológica. Han dominado la fusión cuántica, terraformado planetas y forjado alianzas en la Vía Láctea”—informó Verian con su voz resonante.

A su lado, Lethara, una entidad de forma cristalina, giró sus múltiples rostros que se asemejaban a máscaras; estas reflejan las estrellas proyectadas en el centro de la cámara.

—“Pero su historia es turbulenta. Guerras, colapsos ecológicos, divisiones internas… Su avance ha sido inestable, variando entre el caos y la iluminación”.

Los Celestarios intercambiaron datos a una velocidad imprensable para la mente humana, una actividad normal para seres que estaban por encima de la escala 4 de Kardashev. En la pantalla central, proyecciones holográficas mostraban eventos cruciales: el conflicto de Marte en el 2401, la Declaración de Unidad en el 2678, la rebelión de los androides en el 2890.

—“¿Es esta la especie que debería unirse a la Confederación Galáctica?” —preguntó Taroq, el más antiguo del consejo.

Verian transmitió una serie de pulsos informativos.

—“Los hemos guiado en las horas más oscuras de sus vidas. En las ecuaciones que llevaron a su primer motor que les permitió viajar a la velocidad de la luz, las anomalías gravitacionales que les permitieron detectar exoplanetas habitables… Nada fue casualidad. Han superado sus pruebas”.

Hubo un silencio momentáneo. Lethara proyectó imágenes de un futuro probable: los humanos extendiéndose más allá de la galaxia, sus legados fusionándose con otras civilizaciones, su esencia redefiniéndose en la inmensidad del cosmos.

Finalmente, Taroq se levantó.

—“Entonces, que se haga oficial. La humanidad dejará de ser observada. Ha llegado el momento de contactarnos con ellos”.

Mientras la sala vibraba con energía, en un rincón de la galaxia, un telescopio humano captó una señal anómala, un mensaje que cambiaría su destino para siempre…una pantalla se proyectó la imagen de Lethara, quien hacia la invitación a la raza humana de unirse a la Confederación Galáctica, estas transmisión se hizo presente en cada monitor de cada dispositivo de los diversos ciudadanos de la Confederación, en cada pantalla de cada centro de cada ciudad de cada colonia, incluyendo la Tierra, este momento era histórico, la humanidad después de todas las aventuras que le toco vivir desde sus albores hasta en ese momento, le toco vivir un momento histórico, formar parte de una comunidad más grande de la que había formado hasta esa fecha, saltar a un paso más.

El hombre había dejado su adolescencia.

El mensaje de Lethara no tardó en generar reacciones. En la Tierra y sus colonias, la noticia se expandió como una onda de choque. Gobernantes, científicos, intelectuales y ciudadanos comunes observaron con asombro la confirmación de lo que muchos habían sospechado durante siglos: había algo más allá que la humanidad misma.

En la Sede de la Asamblea Terrestre, la presidenta Eleanor Vásquez convocó una reunión de emergencia con los representantes de la Alianza de Mundos Humanos. Desde Marte hasta Europa, desde las colonias de la Nube de Oort hasta las estaciones orbitales de Tau Ceti, los líderes se conectaron para discutir el momento histórico que estaban viviendo.

—“Señores y señoras, esto es más grande que cualquier conflicto o desacuerdo que hayamos tenido” —dijo Vásquez con solemnidad—. “Nos hemos esforzado por llegar hasta aquí, pero ahora debemos decidir: ¿Aceptamos la invitación de la Confederación Galáctica?”.

Las opiniones fueron diversas. Algunos senadores y embajadores insistieron en llevar la situación con mesura. —” ¿Y si es una trampa?” —Preguntó el embajador de Titán—. “¿Y si esta Confederación nos quiere someter o explotarnos?”.

Otros, como el representante de la Flota Estelar, almirante Hirota Tanaka, vieron la oportunidad con entusiasmo. —“Esta es el culmen de siglos de exploración en el espacio vacío. No podemos dejar pasar esta oportunidad de aprender conocimientos que están más allá de nosotros”.

Mientras el debate político se desarrollaba, en la academia de ciencias de Ganímedes, un grupo de astrofísicos analizaba los patrones de la señal. No había rastro de manipulación hostil, no era una falsificación. Lethara y los Celestarios no habían forzado la transmisión; simplemente la habían dejado a la disposición de la humanidad. La decisión era enteramente de ellos. Finalmente, tras días de deliberaciones, se tomó la decisión. La humanidad aceptaría la invitación, pero con reservas. Se enviaría una delegación a Nova Prama para conocer más sobre la Confederación y sus intenciones.

Se designó al embajador plenipotenciario, el doctor Aiden Krenzler, un veterano diplomático que había negociado la paz entre las facciones marcianas y el gobierno de la Alianza. Con él viajaría un equipo de científicos, militares y filósofos. Su misión: representar a la humanidad ante los Celestarios y determinar si esta alianza convenía para el futuro de la especie humana. Días después, la nave “Rise” abandonó la Tierra rumbo al punto donde se había emitido el mensaje de los Celestiario. Mientras surcaba el hiperespacio, los tripulantes sabían que estaban cruzando el umbral de un nuevo capítulo, a espacio no cartografiado por la historia. Y en Nova Prama, los Celestarios observaban. El destino de la especie 7842-H estaba a punto de decidirse, como abordar este gran paso con los humanos.

El hiperespacio se curvó alrededor de la "Rise" mientras la nave emergía en las cercanías de Nova Prama, el corazón de la Confederación Galáctica y el punto donde se emitió el mensaje. Ante la delegación humana se desplegaba un espectáculo de ingeniería cósmica: un mundo anillado, rodeado por estaciones flotantes que parecían fusionarse con la luz de las estrellas. Nadie distinguía a ciencia cierta una estrella lejana de una de las estaciones de observación de los Celestarios. Estructuras colosales flotaban en perfecta armonía con los flujos gravitacionales, desafiando cualquier noción convencional de arquitectura; era como presenciar una escena surrealista. El doctor Krenzler y su equipo se prepararon para el encuentro. Vestían trajes diplomáticos, chaquetas y pantalones sencillos, y algunos llevaban túnicas con adornos que representaban las distinciones y méritos de cada miembro del equipo; además, contaban con sistemas de traducción avanzada y sensores de monitoreo vital. Las puertas de la bahía de atraque se abrieron y la gravedad artificial de Nova Prama los envolvió con una sensación ligera y etérea.

Una figura se materializó ante ellos, una proyección luminosa de Lethara, su estructura cristalina reflejando espectros de luz desconocidos para la visión humana.

—“Bienvenidos, humanidad” —dijo con una voz suave y melodiosa, pero que por la estructura del lugar parecía resonar en la mente de todos—. “Nos honra su llegada”.

Los humanos intercambiaron miradas. El embajador Krenzler avanzó y realizó un saludo formal.

—Nos sentimos honrados de estar aquí. Venimos en nombre de toda la humanidad para entender lo que significa ser parte de la Confederación.

Lethara asintió y extendió su energía en un gesto de invitación. Con un destello, el equipo humano fue trasladado a la Gran Cámara de Deliberación. Una cúpula inmensa, rodeada por vistas del espacio, donde las inteligencias más avanzadas de la Confederación observaban con interés a los recién llegados.

Taroq, el más antiguo de los Celestarios, se alzó de su trono levitante.

—“Han demostrado ser dignos de nuestra atención. Pero ahora deben demostrar que son dignos de nuestra confianza”.

Aunque la comitiva estaba extrañada por la última declaración, Krenzler asintió con serenidad. Sabía que este momento definiría el futuro de la humanidad.

—¿Qué es lo que esperan de nosotros? —preguntó.

Taroq proyectó una serie de imágenes holográficas que mostraban civilizaciones extintas, mundos desolados y razas que, por su propia naturaleza, no lograron trascender.

—“La Confederación es más que un conjunto de mundos aliados. Es un ideal, una prueba continua de evolución. Algunas especies han fracasado. Otras han prosperado. Ahora, ustedes deben elegir qué camino seguirán”.

Hubo un instante de silencio. Krenzler comprendió la magnitud de lo expuesto. La humanidad no solo debía demostrar su valía en tecnología o diplomacia, sino en su esencia misma.

—“No somos perfectos” —dice Krenzler con mucha sinceridad—. “Hemos cometido errores, guerras, devastaciones… pero también hemos aprendido, hemos construido y reconstruido, hemos soñado. No venimos a pedir protección, venimos a ofrecer lo que somos: nuestra creatividad, nuestra capacidad de adaptación, nuestra curiosidad con la que viene la voluntad de explorar lo desconocido”.

Las palabras resonaron en la cámara. Lethara intercambió datos con los otros Celestarios todavía aún, a una velocidad imposible de procesar por las mentes humanas presente. Hasta que Taroq se inclinó levemente, con un gesto de respeto.

—“La humanidad ha sido aceptada en la Confederación Galáctica”.

Un suspiro de alivio recorrió la delegación humana. En la Tierra y sus colonias, la noticia se propagó rápidamente. La humanidad, tras milenios de evolución, se había convertido en una civilización intergaláctica más allá de sus límites conocidos.

El siguiente capítulo de la historia de la humanidad había comenzado….

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